ESCENAS TOLERDENSES
Saduceo Flojanza, a sus ochenta años, se sentía vivo, lozano I. Las cabezas de vaca -¿Qué haremos con veinte cabezas de vaca? ¿Alguien se ha parado a pensar si podemos asumir veinte o cuarenta, ¡porque pueden ser cuarenta!, ¡cuarenta cabezas de vaca, por Dios bendito!? ¿Qué vamos a hacer con cuarenta cabezas de vaca al día? Enjuto, descarnado, una triste figura de estampa vieja y desgastada, le temblequeaba a Asustín Baldíez la mandíbula barbicana, repitiendo a voz en cuello su tema en el guirigay de la oficina, con la mano en alto, crispando un puñado de papeles. -¿Qué haremos con cuarenta testuces? ¡Qué haremos! Ni la aldeana de los pelos ni la vieja pellejo malnacida atendían al orate, enzarzadas como andaban entre sí, a la greña por sus personales vanidades y adelantos. La una, Bluf Lóbez, garrula promocionada por hembrón, pedía paso con artificio de melena feral y zarpas pintadas de rojo granate; la otra, Purria Perre-Hortelano, amortizadísima de sí misma, tiraba de galones ...