ESCENAS TOLERDENSES (II)
"No, no fue un error, no me equivoqué", persuade Saduceo a la granasamblea II.Un maleducado impertinente -La has cagado pero bien. ¿Cómo se te ocurre exigirle dinero a Mercañora por asumir sus mermas? ¡Nos hemos quedado sin ellas! Sí, es un impertinente, tal y como le repetía a la mínima ocasión Purria Perre-Hortelano, la vieja pellejo malnacida. Un maleducado. Porque nosotros tenemos educación, le insistía, una y otra vez con ese retintín en el tono, somos de otra categoría moral, Saduceo. Él no, él es un maleducado. Un impertinente. Y eso le hacía sentirse vetusto y acabado, inseguro, frágil. Viejo. Ese desgraciado capataz, tan maleducado, tan eficiente, tan impertinente, tan cabal y tan malditamente real, les ponía nerviosos a todos en la oficina, les hacía sentirse incómodos, a él y a su equipo. Les cuestionaba permanentemente con estrépito de palets, de maquinaria, de macarrones y de arroz, de galletas y de lentejas, de asociaciones benéficas y de personas en situ...